De frente el imponente Manquehue, arriba la sorprendente sombra del Quercus robur más conocido como Roble, sobre el que anida una familia de algo muy parecido a las cotorras que cantan incesantemente, "¿me cantarán a mí?", fue una de mis primeras preguntas... A ambos lados y en todas partes, el viento que pasa como susurrándome una historia acerca de cosas que ya fueron y que se repetirán, entregando vida y momentos...Sentí que ese momento sería eterno, quisé que fuera eterno. No había nada más que hacer que observar, escuchar y sentir, sin responderle nada a nadie, acercándome a la naturaleza, y sintiéndome como me gusta: Libre.
[Hoy, en una plaza de Vitacura, en hora de colación]
domingo, enero 27, 2008
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