Una vez un hombre me dijo: “Ataremos bandadas de gorriones a nuestras muñecas, huiremos lejos de aquí, a otro planeta. Llévame donde no estés, un muerto encierras...” y yo lo acompañé.
Al otro día me decía: “Y la vida me parece una fiesta a la que nadie se ha molestado en invitarme. De un tiempo a esta parte me cuesta tanto, tanto, tanto, no amarte, no amarte...”
yo le creí.
Me dijo también: “Eres pequeña como una estrella fugaz, como el universo antes de estallar. Vuelas como la risa, como el diente de león. Si yo te miento, tú lo haces mejor...” y lo amé.
Cuando me dijo: “De sobras sabes que eres la primera, que no miento si juro que daría por ti la vida entera, por ti la vida entera; y, sin embargo, un rato, cada día, ya ves, te engañaría con cualquiera, te cambiaría por cualquiera....” yo lo volví a amar.
jueves, diciembre 20, 2007
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