Amé ver como se amaban
escuchar sus risas y sentir junto a ellos la paz.
Ya mi canto no era en vano, alguien me oía, alguien me entendía.
Tuve la impresión de que me observaba.
Y la observaba.
Me sentí dentro de sus pequeños ojos.
Y yo sentí la sangre en sus venas.
Viví.
Por un momento viví en sus ojos.
Y recordé días de vuelos eternos, paisajes soñados y nubes amosaicadas.
Sentí sus manos y como hiciste acelerar mis latidos.
El viento era mi amigo, me elevaba.
Tu piel era mi abrigo, me cuidaba.
Sentí miedo.
Yo también.
De caer.
De no saber volar.
Y volé.
Tú también.
Nunca más vi tus ojos ni volví a sentir el viento entre tus alas.
Nunca más sentí la sangre, ni unas manos, ni ese calor.
No volví a volar.
No volví a amar.
Simplemente caí...