"...Corazón de cristal, que no he visto dos veces
brillar de la misma manera..."
Escuchado esa canción de Jorge Drexler, dejándome llevar por las melodías,
por la lentitud de los acordes, y la dulzura de la voz, dejé que mi mente volará...comencé a imaginarme cosas, lugares y personas...
La primera tarde fue cálida, lo suficiente para un día de agosto, incluso había sol, y la gente a mi alrededor andaba con ropas ligeras, el cielo estaba despejado, como los típicos días luego de una gran tormenta, en donde se puede ver la cordillera nevada e imponente. No se como fue que llegue al centro de la capital, a un lugar demasiado convocado para mi gusto, miraba alrededor y sólo lograba ver expresiones en las caras de las personas, expresiones que a mi no me decían nada, de momento llegué a pensar que no sentía.
Luego de caminar bastante, y de poder por fin confiar, los demás días pasaron de prisa, las calles ahora no solo entregaban un espacio físico donde transitar,
con el tiempo comprendí que ese espacio lo era también para el recuerdo...
las palabras de algunas personas, especialmente recuerdo las de un anciano en el metro, algunas bromas, miradas de desconocidos y por que no decirlo, a desconocidas, los ruidos molestos de la construcción que ya no siento más,
la sofocación de lugares llenos, escaleras de diversos lugares, pañuelos y pinches perdidos, las tardes en soledad y viajes a escondidas, años luz de distancia, la tristeza en mis ojos, las palabras fugacez, y las lágrimas engujadas...todo eso para que viera que yo también sentía...